martes, septiembre 22, 2009

XIX. niños dulces

ellos se confían de una consciencia culposa para salvarte
pero yo apuesto todo a esos profundos ojos azules
ellos siempre dijeron, siempre dijeron que eras fácil, oh
pero si yo pudiese tener sólo una porción de eso
ya estaría vendido

vení acercate a los niños dulces, cariño
y te diré a dónde debes ir
no puedo verlos cuando caminan en zigzag
no lo sé
no lo sé

venite a mi casa y te entretendré a vos solo
tan fabolusos y disfrazados será como un talk show
ellos siempre dijeron, siempre dijeron que eras fácil
pero si yo pudiese tener sólo una porción de eso
ya estaría vendido

oh, tan triste, te queremos locamente
queremos llevarte a casa
oh, tan triste, te queremos locamente
queremos llevarte a casa

vos sabés que si yo tuviese sólo una porción de eso
ya estaría vendido...

vení acercate a los niños dulces, cariño
y te diré a dónde debes ir
no puedo verlos cuando caminan en zigzag
no lo sé
no lo sé


El Barón McBeal.

domingo, septiembre 06, 2009

XVIII. lo intelectual, lo callejero

yo nací bajo la luz de un farol viejo en la calle porque mi madre no llegó al hospital, en esa calle de conventillos donde los hombres se asoman en las ventanas durante la noche. cuando era chico era la voz principal de un coro de huérfanos en la iglesia del barrio y cantaba con todas mis fuerzas. eso fue hasta que crecí mucho y ya no había lugar para mí. y fue ahí, entonces, cuando todas esas notas que yo solía tocar en el piano y bailar en el ballet parroquial de segunda mano dejaron de existir y sólo quedaban los bichos de la noche para guiarme a casa con su serenata nocturna de la triste suerte.

la lluvia no tenía fin y la tristeza en mi corazón... ¿podría haber encendido una luz y brillar en la oscuridad? esto no ha de cambiar pues el tiempo simplemente se coloca una máscara más bonita para cubrir la fachada detrás. soy bueno para lo intelectual, soy estúpido para lo callejero.

por eso, no me busques más en el confesionario. estoy con mis lapiceras, mis pinturas y mi seco vermú tratando de descubrir alguna pequeña verdad escondida en estas cartas que sostengo contra mi pecho.

la lluvia aún cae sin fin y la tristeza de mi corazón... debería encenderse y alumbrar la oscuridad. ay, pero no! esto no ha de cambiar pues el tiempo simplemente se coloca una máscara más bonita para cubrir la fachada detrás. soy bueno para lo intelectual, soy estúpido para lo callejero.

la lluvia aún cae sin fin y las maravillas de mi corazón aún brillan e iluminan dejando entrar... aún brillan e iluminan dejando entrar a la oscuridad.


El Barón McBeal.

jueves, septiembre 03, 2009

XVII. medidas drásticas

debería tomar medidas drásticas
robarme enormes cantidades de obras de arte
y escribir una pieza para 18 violines
no es ningún gran salto
pero es un comienzo

frotan sus ojos y se despiertan, distraídos
frenéticamente ellos llenan sus días
por favor, decime que nunca voy a ser así
demasiado seguro de mi mismo
y educadamente aturdido
educadamente lo-co

no querés mi amor?
es una nube, es un barco hundido
pero puede hacerte reír un poco
así de fácil
soy como los árboles en los parques a medianoche
rebozando peligro, iniciando chispas
nos dejaron en los viaductos
con la última llama del universo

nunca estuve tan verdadera noción
como cuando mi amor me sostuvo de la mano
que tu sombra siempre te persiga
hecho y derecho
nuestro plan de fuga
nuestro plan ma-es-tro

nos dejaron en los viaductos
con la última llama del universo...



El Barón McBeal.

miércoles, septiembre 02, 2009

XVI. san francisco

Buenos Aires 24 de Diciembre de 2008
2:20am



(...) en este momento no puedo atenderte, por favor, dejá tu mensaje después de la señal

*BEEP*


"así como al niñito jesús en su nacimiento se le acercan los pajaritos solitarios buscando un poco de calor vos venis a mí en busca de música pero ellos, al igual que vos, quieren una canción que yo nunca podré aprender. oh, no. podría intentarlo y haría muy lindos sonidos, te calmaría como lo hace un amante. ay, pero mi orgullo todavía se mantiene intacto... y ahora que miro hacia atrás... yo no era tan valiente en ese entonces, no era tan valiente. ahora voy a toda velocidad y ya casi nada me detiene. vuelvo por túneles en el centro de la ciudad. a veces me doy cuenta que es aquí donde pertenezco. pero es gracioso como dejarlo todo atrás te hace subir el ansia del vacío, ese hueco que nunca habías escuchado antes. ay, me causa gracia. mi sentido del humor siempre fue mi mejor herramienta. con un solo chiste ya conseguía besos de aquel hombre... era todo como una melodía. y ahora mi orgullo vuelve a plantarse firme, alto cual muralla... y mirando atrás me doy cuenta que nunca fui valiente... oh, no... nunca lo fui verdaderamente. o sí?
y ahora lo podría volver a intentar y sé que podría hacer hermosos sonido, te llegaría al corazón como un amante lo hace... como aquella vez en el teléfono... cuando empecé a tararearte tu canción pero no llegué ni a la mitad porque me frené. ay, solía ser tan valiente! tan pero tan valiente!

y bueno... brindo por vos, brindo por mi. y a la esperanza de que la próxima vez se nos de..."


*TU TU TU TU TU...*



El Barón McBeal.

sábado, agosto 29, 2009

XV. duncan

sentado en el columpio que colgaba de la rama del árbol en el jardín trasero de casa. el día estaba bellísimo y el sol me inundaba de todos lados. mi mirada perdida en el cielo, viendo las pocas nubes avanzando lentamente. hacía ya 15 años desde la última vez que me había sentado a esa hamaca. 15 años que no visitaba mi antiguo hogar. a pesar del tiempo, la gente de ahí seguía siendo la misma: el sastre Quiggle al fondo del pueblo, la panadera Gillian en la otra cuadra, los vecinos, mis amigos de la infancia y la pandilla. seguían todos ahí, unos más viejos que otros. pero estaban. todos menos él.

¿qué habrá sido de la vida de Duncan? decían que era uno de los más educados y buenmozos del pueblo.
cuando se hacían los bailes en el barrio todas las chicas querían bailar con él; y en los partidos de los domingos todos los chicos lo querían en su equipo. y era el amor secreto de mi vida. recuerdo aquella tarde cuando la policía golpeó a la puerta de su casa. su madre los recibió y no sabía que decirles. lo único que les dijo es que los zapatos y las medias habían desaparecido: se había dado a la fuga.

era un enamoramiento muy dulce el que yo sentía por él. ay, era tan imposible pero soñarlo era tan lindo! lo que más me gustaba de él es que amaba las cosas de manera muy profunda y hasta casi locamente. una vez casi pierde la cabeza.

sí, casi la pierde. ¿la afortunada? la hija del alcalde. ella era un placer a los ojos. y cuando yo lo veía morirse de amor por ella sentía que me partía en miles de pedacitos. ¿por qué la única razón que te impulsaba a vivir te hace sentir un deseo grande de morir? pero así como mi amor por Duncan era prohibido, también lo era el suyo por la hija del alcalde. cuando su padre se enteró del amor de su hija, la encerró en la casa y no dejaba ver a nadie. pero Duncan era persistente. así que una noche, cuando todos estaban en el festival del barrio, él entró por la ventana al cuarto de la muchacha e hicieron el amor hasta la salida del sol. con el sol no sólo vino la luz, sino la tiniebla pues el alcalde al abrir la puerta y ver a su hija en la cama con Duncan ordenó su captura y encierro de por vida. siendo ágil como él solo lo era consiguió escapar. fue a su casa, armó un bolso con unos zapatos, unas medias y una camisa y partió.

pero antes de partir, me pegó una visita. yo estaba sentado en la misma hamaca en la que me sentaría cuando visitaría la casa de mis padres 15 años después. Duncan se infiltró por el hueco del ligustre que usabamos para escaparnos de mi familia y salir a jugar con la pandilla. me contó lo sucedido y me dejó una carta. una carta que debería ser entregada a la hija del alcalde el domingo en la misa de la mañana. y sin decir nada, solo mirandome y sonriendo, Duncan emprendió su partida.

cumplí mi misión. entregué la carta. era una carta donde Duncan le pedía a su enamorada que lo esperara. él se iría a un pueblo seguro, conseguiría trabajo e instalarse y luego mandaría a buscar por ella. así lograrían vivir para siempre felices. cuando llegué a casa, tomé una hoja de papel, mojé la pluma en el tintero y empecé a redactar una carta para Duncan:


"ay, tonto de los tontos!
nunca te entregues al destino.
si este amor es todo por lo que luchas
desata tu ira, amigo, dejala suelta!

Duncan, me alegro por tí!
un poco triste pero abriendote camino
nuestros padres nunca pudieron sacarte la excentricidad
pero el amor sin duda te hizo valiente..."

y así fue como me di cuenta que el amor es una guerra. es una batalla constante de fuerzas, deseos y voluntades. a veces es una guerra contra el destino, otras veces es una guerra dentro de uno mismo. el amor es la madre de las guerras! la guerra que debemos batallar una y otra y otra vez. y morir mil veces, de ser necesario, en el nombre del amor, pero ninguna vez en vano.

El Barón McBeal.

jueves, agosto 20, 2009

XIV. pesadez

¿qué fue lo que te di yo?
¿qué fue lo que me diste a mí?
una cadena de silencios que se conglomeran en la lluvia
y vos decís que yo no sé la verdera razón
que ya nada es lo mismo
es una bocanada vacante de aire
y cuando decís mi nombre...

¿tenés idea del peso que ponés sobre mí
cuando todo es "vos", "vos" y "vos"?
muy pronto mi hombro dejará de estar

saludos olvidados
nombres que caen como hojas en otoño
la apatía se esparcirá como un fuego salvaje
y te llevará lejos de mí
me apoyo sobre el marco de la ventana
quiero atrapar la lluvia de agosto
voy a usarla para llenar tu boca
y hacerte volver a la vida de una vez

¿tenés idea del peso que ponés sobre mí
cuando todo es "vos", "vos" y "vos"?
muy pronto mi hombro dejará de estar



El Barón McBeal.

miércoles, agosto 19, 2009

XIII. madeleine

querida Madeleine,

¿debe nuestra historia terminar con esta canción triste y mi español con una R gutural que suena a francés quebrado y pobre? yo simplemente quería amarte. pase lo que pase lo único que te pido es que no te pierdas porque hay mucho león hambriento esperando allá afuera por gente tan pura como vos. aún recuerdo tus palabras:

“quiero ser valiente, quiero ser valiente! pero la noche incendia el coraje que necesitamos… esa furia para domar esta locura… esta locura… ay, mi locura!”

quizás no debí dejarte así, quizás estuve mal… pero me prometí que jamás volvería a sumar más abandonos a mi historial. de rodillas, pienso en las palabras que en realidad debería haber dicho en lugar de partir; y la noche cae y se lastima las rodillas. veo como todo arde y te escucho decir:

“quiero ser valiente, quiero ser valiente! creo que jamás volveré a amar… la oscuridad, la tristeza, el miedo es muy grande… me perdí en el camino de mi propia locura… mi locura… ay, mi locura!”

y miro tus ojos ahora me dicen algo más que antes no lograba descifrar. miro tu pupila y no me veo reflejado. los miro una y otra vez pero sólo veo la suerte que se esfuma y logro vislumbrar que el destino no es tu amigo. tu mirar habla del abandono y de tu pesar: lo que es bueno poco ha de durar. dentro de tu coraza manteniéndote a distancia, decime, ¿te sentís a salvo?

ay, Madeleine, mi dulce Madeleine, forzada a crecer de golpe. si no escapás vos, forzás a los otros a escapar de vos. ¿por qué?. volá libre, Madeleine. salí del frasco porque ya no sos una luciérnaga atrapada en un frasco.

no estoy triste, no estoy contento. solo estoy. seré parte de tu vida, pequeña Madeleine, sólo si así me lo permitís. a la distancia y en la proximidad, en los abrazos y en los empujones, en las caricias y en las bofetadas, en el amor y en la amistad.


las heridas sanarán. Todo a su debido tiempo. Y hasta entonces: amá. simplemente amá.



El Barón McBeal.